El presidente del Grupo de Acción Rotaria para la Erradicación de las Hepatitis, así como de la campaña mundial Hepatitis Cero, Humberto Silva, habla sobre su indignación por la propagación de la enfermedad que mata a cuatro mil personas por día y del “crimen” cometido por algunos países, al prohibir que se realice la campaña para la detección de los posibles portadores de la dolencia.

– “Cuando decidí dedicar mi vida para ayudar a quienes lo necesitan y hasta cambiar la situación de las hepatitis en el mundo, no solo lo hice porque me había salvado de la enfermedad (aunque ya estaba con cirrosis y a punto de sufrir los rigores de la enfermedad, sin haber tenido un solo síntoma); lo que realmente me motivó a luchar por esta causa y convertirme en un líder fue la injusticia detrás de todo ello”, explica Humberto.

– “La hepatitis es una enfermedad ‘sui géneris’. Es un mal que mata lentamente, que puede tardar décadas en manifestarse mientras “se come” al hígado de la persona; por eso se le conoce como el ‘Asesino Silencioso’. No obstante, algunos argumentan que existen otras enfermedades silenciosas, como la diabetes, la presión arterial alta e incluso algunas formas de cáncer, ya que no es fácil descubrirlas y siguen apareciendo aquí y allá todos los días; lo que hace que el abordaje sea casi imposible para las autoridades de salud. Pero ese no es el caso del virus de la hepatitis porque él está presente en un grupo, en un porcentaje de la población que lo ha estado llevando durante mucho tiempo. Por eso, todo lo que un gobierno necesita hacer es proporcionar métodos de detección a la población y descubrir a los que pueden estar enfermos. Esto puede hacerse con pruebas rápidas de punción digital, en las calles, si lo desea, por un costo de centavos de dólar por prueba. Así, quien es detectado como reactivo, como yo, recibe la oportunidad de luchar por su vida, ya que en la actualidad existen tratamientos para ambos virus (B y C).

Las autoridades de salud en el mundo sabían que el problema estaba allí, o mejor, que está allí. Pero está en silencio. Entonces, ¿por qué ir y desenterrar problemas para su gestión? Déjelos ahí que no están haciendo ninguna algarabía. Ya hay bastantes problemas ruidosos que este gobierno debe atender. En cualquier momento, alguien puede tener un síntoma y morir o necesitar un trasplante, eso puede ser durante el próximo mandato. Un asunto para los próximos gobernantes.

Esa postura simplemente ha provocado que cientos de millones de personas en todos los países del mundo estén siendo guiadas a lo que puede ser su condena de muerte; sin tener la oportunidad de defenderse y luchar por sobrevivir.

Hoy, el planeta está tomado por una cantidad enorme de personas que sufren de hepatitis B y C, sin la más mínima idea de que están infectados y del riesgo fatal que están enfrentando. Se estima que cerca de 400 millones tienen la enfermedad, pero sólo entre 5 y 10% de esos infectados están diagnosticados.

Justificar esa falta de acción es algo que se puede hacer con muchos argumentos…” – continúa Silva, “… pero hay situaciones en donde vemos los extremos, como cuando con nuestros equipos de Hepatitis Cero tratamos de entrar a un país y, con la ayuda de los voluntarios de Rotary, intentamos realizar pruebas rápidas a la población. A lo cual, las autoridades se niegan vehementemente a concordar con ese tipo de abordaje. Incluso en algunos casos han sido brutales y amenazantes, declarando que se nos ‘prohíbe realizar dicha acción humanitaria’, utilizando argumentos tales como el de que les causaríamos problemas, ya que no poseen estructura para tratar a los enfermos, entre otros. Obviamente que nuestra respuesta, en tales casos, es la de que nosotros podemos proveer los medicamentos y lo que sea necesario para el tratamiento. Después de todo, los clubes rotarios son agrupaciones filantrópicas que están allí para hacerle el bien a la comunidad. Pero, aun así, algunos países no cambian su posición. Incluso, uno de ellos decidió cambiar de opinión después de habernos pedido la donación de los materiales para la realización de las pruebas. Como éste había sido enviado, cambiaron de opinión y confiscaron las miles de pruebas que les habíamos donado.

¿Cómo puede un líder, ante los miles o millones de personas de su país, adoptar esa postura simplemente por la conveniencia de no llevarle nuevos problemas a sus entidades de salud? Saber que millones morirán y hacerse los de la vista gorda… ¡Eso es repugnante!

Gracias a Dios que tales casos estuvieron lejos de ser ‘la mayoría’ durante nuestra campaña, tal y como muchos ‘interesados’ pensaban que sería; y gran parte de los países a los que nos acercamos con la ayuda humanitaria aceptaron nuestra campaña y nos dejaron realizar el tamizaje a su población.

Quedamos felices al realizar casi un millón de pruebas rápidas en cerca de cincuenta países. Podemos decir que les hemos salvado la vida a esas siete mil personas que tuvieron resultado reactivo porque ellas podrán buscar tratamiento y luchar por sus vidas”.